M salía con , digámos A.
A tenía un gran vida interior.
M tenía miedo con mayúsculas, subrayado y en negrita.
A, si tenía miedo, no lo decía, mas salía corriendo tras el autobús si con eso podía interrumpir algún tema de conversación espinoso.
M que, obviamente poseía una gran vida interior también, pero es de esas personas capaces de expresar sentimientos, pataleaba y refunfuñaba si la situación lo requería. Así mismo, abrazaba, besaba y deseaba, sobretodo deseaba.
Qué pasó?
que A quería , en principio, pero dejó de desear entre ese autobús y la última caña que compartieron.
Y como buen varón, adulto, íntegro y completo, utilizó la telefonía-móvil para zanjar la situación. o más bien para sentenciarla.
Adios, adios.

A sigue soñando con parís, supongo que algún día se dará cuenta que ella tenía más de suiza que de corissant y puede que entonces él descubra que el paseo marítimo no son los Champs Èlysées
y que madurez es sinónimo de afrontar y enfrentar miedos, emociones y vidas interiores,
que si no, no se crece...
o...quizás encoja.... quizás encoja con la lluvia de las lágrimas de M.
quizás con el tiempo el corazón de M se levante de esta estrepitosa decepción/ caída a cámara lenta.

Besos para A
cuídate,
y crece. de una maldita vez.
Aquí estoy M, ya lo sabes.