Había una vez un joven soñador que vivía solo en una pequeña granja en las afueras de un pequeño pueblo rodeado por un bosque. Su nombre, Alberto, le resultaba demasiado grande para el mundo tan pequeño en el que vivía y trabajaba, así que desde niño se puso Beto.
Desde la salida del sol hasta el anochecer Beto araba la tierra, alimentaba al pequeño rebaño (tenía 3 ovejas dóciles, aunque un poco asilvestradas) , se deshacía de las malas hierbas- muchas de las cuales acabarían en la tetera y buscaba recogía huevos de codorníz.
Una noche de comienzos de verano estaba Beto subido en su viejo cerezo, le fascinaba la intensidad del sabor que el árbol encapsulaba en cada uno de sus frutos, y el color tan especial de las hojas. Desdeel árbol podía ver toda la granja y los maravillosos colores que vestían el cielo tras el atardecer. Pero esa noche notó algo diferente en su acostumbrado cielo. Se fijó en una estrella que hasta ese momento nunca antes había visto. Se pasó toda la noche intrigado con la nueva aparición, observándola y estudiándo su suave parpadeo azulado. Que la estrella ya hubiera estado ahí el verano anterior no pasó por su cabeza, Beto, como muchos otros desconocía que las estrellas modifican sus posiciones dependiendo de la estación del año.
La estrella brillaba. La estrella se había dado cuenta de que Beto la estab mirando. Y orgullosa, le dedicó toda su atención, pues Beto, había empezado a hablarle. Le contó como era su monótona vida en la granja, le confesó que soñaba con aventuras, que sabía que ese pueblo tan pequeño no podía ser todo lo que la vida tenía guardado para él.
Durante las siguientes 5 noches Beto repitió sus visita al cerezo y a su nueva estrella, le habló de sus ovejas, de las tomateras y del campo de trigo que era la parcela más grande de toda la granja. No sabía muy bien por qué, pero el tamaño de ese pesdazo de tierra aún verde le sobrecogía., pues era desproporcionado a lo demás y sin embargo ahí estaba. La estrella escuchaba atenta cada una de sus historias, era la primera vez que alguien le dedicaba tanta confianza y tiempo
Una noche, después de que Beto hubiera pasado todo el día arreglando la cerca que delimitaba la granja, subió a su árbol y notó como la estrella parpadeaba de un modo diferente. Se quedó muy callado mirádola, tratando de encontrar un mensaje oculto en sus guiños. Y después de mucho mirarla, por fin lo encontró, o más bien lo escuchó. “Alberto....Alberto, Sube un poco más” le decía una voz plateada. “Me...-tartamudeó- me hablas a mí?” Alargó el cuello y giró la cabeza para acercar el oído un poco más en la dirección de la estrella. “Pues claro que te hablo a tí” Contestó la suave voz. Beto, con el corazón acelerado, subió hasta donde las finas ramas del cerezo le permitieron y de pronto un rayo plateado le envolvió y para cuando pudo reaccionar estaba flotando sobre la granja. “AH!” Gritó invadido por el miedo al ver como sus pies no tocaban el suelo. “Quieto!”-Le dijo la misma voz de antes “Si te mueves tanto no podré cogerte bien”. Beto miró a su izquierda y ahí estaba la estrella. Miles de puntitos plateados parpadeando tan cerca tan cerca que tuvo que cerrar los ojos. “Perdona”dijo la estrella bajando un poco la intensidad. Entonces Beto pudo ver que parecían dibujarse unos ojos bajo todo ese enjambre de luz y que unos lazos le rodeaban la cintura manteniendo su altura. Beto estaba en el cielo, suspendido, junto a una estrella, sobrevolando su pequeña granja en su pequeño pueblo donde siempre había vivido.
“No entiendo muy bien qué hago aquí... Quién eres o qué eres?!
“Es que no me reconoces?” soy yo, tu estrella. Te he estado escuchando todas estas noches. Nunca nadie me había hablado tan sinceramente, nunca habían confiado tanto en mí. Tienes sueños grandes. Y pensé que quizás te podría regalar un pedazo del mundo que desde abajo no puedes ver.
Desde esa noche y durante todo el verano Alberto y Estela, que ese era su nombre, quedaron pasada la puesta de sol, ella le abrazaba y desde lo alto del cielo le mostró todos eso lugares con los que Beto soñaba. Visitaron el pueblo vecino, que era bastante más grande y donde las granjas estaban especializadas en determinados cultivos. En el pueblo siguiente no tenían cercas sino muros de piedra, algo que Alberto llevó a la práctica y por findejaron de escaparse las ovejas.
Una noche llegaron hasta las fronteras del país y Alberto descubrió que más allá de la tierra había agua, vió por primera vez el mar. Siguieron viajando por el cielo nocturno hasta pasados el mes de julio y el mes de agosto. Alberto aprendía cada noche un poco más, algo nuevo y siempre que podía aplicaba lo aprendido a la vida en la granja. Como la vez que aprendió como acabar con las plagas que devoraban el trigo. Cada día esperaba nervioso al momento en que el sol desapareceiese para poder ver a Estela de nuevo. Fue el verano más increible de su vida. Descubrió que ciertamente había mucho más que trigo y codornices en el mundo.
A finales de verano sus cultivos eran los más sanos del pueblo, las ovejas habían engordado y sanas por el nuevo alimento había nacido una pequeña oveja completamente fuera de temporada, el trigo brillaba dorado y majestuoso, los girasoles resplandecían y las pipas estaban apunto de estallar. Todo en la granja era alegria y abudancia.
Estela le susrraba historias de otros paises muy lejanos que había visto en sus viajes, lugares donde había animales con el cuello más largo que su cuerpo, otros gigantes con trompa y colmillos. Alberto sonreía incrédulo al principio pero más tarde comenzó a hacer planes para ir a todos esos lugares.
Una tarde refrescó durante la puesta de sol.
Alberto, pudo sentir como comenzaba el otoño.
El último día de laa cosecha él y su único amigo celebraron lo fértil que se había vuelto su tierra y que pasarían un invierno cómodo junto a la chimenea. Bebieron un vino fuerte y comieron hasta entrada la noche. De pronto Alberto se acordó de Estela, y salió fuera para buscarla, Estela estaba lejos, camino del oeste. Alberto subió a uno de los abetos y se acercó a ella lo más que pudo. “siento llegar tarde Estela, la cosecha ha sido un éxito, nos vemos mañana.”
Pero estela no le contestó. Estela iba camino de otros cielos y no podía escucharle.
A la noche siguiente Beto salió al campo a buscarla, pero no pudo encontrarla. Gritó y gritó su nombre. Pero ella no contestó.
Triste y confundido regresó a casa .
Siguió buscádola las noches siguientes, pero Estela no volvió a aparecer.
Traicionado, un día dejó de salir al campo, dejó de mirar el cielo. Pasó el invierno en casa, refugiado de la nieve. Apenas sí salía para dar de comer a las ovejas y a los demás animales.
El invierno congeló sus sueños, y la ausencia de Estela le borró la sonrisa de la cara y la sensación de triunfo que había experimentado tras la cosecha.
Cuando al fin llegó la primavera Beto había olvidado sus deseos y odiaba más que nada esa granja tan pequeña. Apenas preparó la tierra. Sembró a desgana. Estaba cansado y cuanto más se acercaba el calor y el verano, más le enfadaba la ausencia de Estela.
El primer día de verano mientras trabajaba el trigal decidió que la granja ya no era lugar para él. Y decidido esto dejó caer las herramientas y enfadado e incómodo por no haberse dado cuenta antes regresó a la pequeña casa. Quería salir de ese pueblo tan pequeño con su gente pequeña y sus costumbre pequeñas.
El primer día de verano hizo muchísimo calor. El sol estiró sus rayos hasta llegar a todos los rincones de la granja y se topó con las azadas y la botella de agua que Alberto que había abandonado; el sol atravesó el cristal y sin querer prendió fuego una ramita de trigo.
Esa noche cuando Estela emocionaba asomaba por fin por el cielo estival Alberto observaba desde la ventana como se incendiaba el campo a su alrederdor. Pero no hizo nada para detenerlo. Lleno su mochila.
Salió de casa y vio el oscuro cielo tachonado de estrellas. Entre ellas Estela, que miraba desde arriba horrorizada, “Pero qué has hecho Alberto?’ “ qué ha pasado?”
“Todo es culpa tuya Estela. No quiero volver a verte.” Y diciendo esto se adentró en el bosque para que ella no pudiera encontrarle. Allí se quedaría hasta el amanecer, y al día siguienrte iría a buscar trabajo en una de sesas ciudades que había conocido el año anterior. Lejos del campo. Lejos del pueblo. Lejos de las etrellas.